Her inability to speak didn’t stop Cecilia from wanting to nourish reciprocal love; so, she found a way through her writings to share what she was experiencing in her soul: the love of God in her suffering.

La imposibilidad de hablar no limitó su deseo de alimentar el amor recíproco, por eso encontró en sus escritos el modo de donar lo que experimentaba en su alma: el amor de Dios a través del dolor.